viernes, 25 de mayo de 2018





Guayaquil y Bolívar II

Con esta preocupación escribe a San Martín pidiendo auxilio para que intervenga y permita retener Guayaquil para Colombia: “El último desagradable acontecimiento de Guayaquil en que los enemigos han obtenido algunas ventajas, exige un remedio pronto y eficaz (...) El gobierno de Colombia activa los medios de poner en perfecta seguridad aquella provincia, y de liberar el resto de las del Sur, que aun están subyugadas (...) Si mientras yo marcho, pudiera V.E. destinar sobre Guayaquil el batallón del mando del señor coronel Heres [1], V.E. llenaría a la vez los deseos de aquellos colombianos, y haría a esta República un servicio tan útil como importante. Mas si este batallón ha marchado al Alto Perú, me atrevo a hacer a V.E. igual súplica con respecto a cualquier otro cuerpo que pueda ser destinado a Guayaquil, de los del ejército del mando de V.E.,” [2]  

Por supuesto que San Martín no se dio ni por enterado de las urgencias del Libertador, un Guayaquil colombiano, no encajaba en su proyecto. Por otra parte, Sucre, que después del fracaso de Huachi veía muy de cerca las posibilidades de una operación enemiga a fondo contra Guayaquil, no vaciló a firmar en Babahoyo un tratado muy útil que establecía una tregua, la cual, le permitiría rehacer sus destrozadas fuerzas. Sin embargo, Bolívar lo desaprobó y dispuso que no sea “observado ni cumplido”. [3]Con cuyo objetivo ordenó la movilización de 500 hombres del Cauca hacia Guayaquil.

En diciembre de 1821, el Libertador, que daba por descontado que él estaría presente en la toma de Quito, autoriza a Sucre para que obrase contra esa plaza por la ruta que mejor le pareciese, a fin de cooperar con el ejército bajo su mando personal, “y para hallarse sobre Quito del 20 al último de febrero para cuya época estaré yo sobre aquella capital con el ejército”. [4]Por ese tiempo, ya sentía la inmediatez de la culminación de sus ambiciones, y escribe a Olmedo: “No puede Vd. imaginarse con que placer me acerco a la patria de Vd., más por conocer a su digno jefe que por otro motivo alguno (...) Mucho me duele tener al mismo tiempo que molestar a un amigo que ya amo (...) exijo el inmediato reconocimiento de la República de Colombia, [5]porque es una Galimatías la situación de Guayaquil. Mi entrada en ella en tal estado sería un ultraje para mí y una lesión a los derechos de Colombia. (...) Vd. sabe amigo que una ciudad con un río no puede formar una Nación: que tal absurdo sería un señalamiento de un campo de batalla para dos estados belicosos que la rodean. [6]Vd. sabe los sacrificios que hemos hecho en medio de nuestros propios apuros para auxiliar a Guayaquil, que Colombia ha enviado allí sus tropas mientras que el Perú ha pedido auxilios a ella. Quito no puede existir sin el Puerto de Guayaquil, lo mismo Cuenca y Loja. [7]Las relaciones de Guayaquil son todas con Colombia. Tumbes es el límite del Perú y por consiguiente la naturaleza nos ha dado a Guayaquil (...) me he determinado a no entrar en Guayaquil, sino después de ver tremolar la bandera de Colombia, y yo me lisonjeo que Vd. empleará todo el influjo de su mérito, saber y dignidad, para que no se dé a Colombia un día de luto, sino por el contrario sea Guayaquil para nuestra Patria el vínculo de la libertad del Sur.” [8]

Tres días más tarde, Bolívar escribe a Santander, y le expresa su preocupación por el estado de cosas en Guayaquil, lo cual lo había determinado a llevar la Guardia a esta ciudad para garantizar su sumisión: “Las cosas de Guayaquil exigen mi persona con la Guardia: aquel es un caos de ingratitud y mala fe. Lord Cochrane parecía pronto a servirnos, pero el gobierno de Guayaquil lo ha disuadido de este designio (...) Yo he tomado mi partido y les he escrito, como Vd. verá por las comunicaciones lo que hace al caso. Sucre está autorizado para obrar abiertamente si aquellos señores se oponen a mis órdenes. [9]Las razones de política que nos autorizan a exigir la reunión a Colombia, están consignadas en mis cartas y notas.” [10]Mientras más próximo estaba Bolívar a Guayaquil, su empeño y determinación por anexarlo cobraba mayores dimensiones. Se evidencia con mayor fuerza su idea fija por someter, a toda costa a Guayaquil, aunque fuere ocupándola militarmente, como a poco tiempo lo haría. Y a Sucre, había ordenado obrar con toda energía. Que debía exigir a los guayaquileños cuanto necesitase, y de no lograrlo, debía tomarlo por la fuerza. Además, no permitir que la Provincia Libre se incorporase a otro gobierno que no fuese el colombiano.

Después de haber estado entrampado desde abril, por las tropas españolas del coronel Basilio García, que dominaban las alturas de Pasto, y luego de su capitulación gracias a las tropas subidas desde Guayaquil por el sur, con lo que se cumplieron las palabras proféticas de Febres Cordero, Bolívar escribe gozoso a Santander una extensa carta: “la capitulación de Pasto es una obra extraordinariamente afortunada para nosotros, (...) su país es una cadena de precipicios donde no se puede dar un paso sin derrocarse. Cada posición es un castillo inexpugnable.” 

Más adelante, desconoce el mérito de Sucre, y se atribuye el sometimiento de la región, cuando la verdad es que no pudo pasar por sí solo: “El general Sucre, el día de la acción, no sacó más ventajas que yo, a decir verdad, nosotros hemos tomado el baluarte del Sur y él se ha cogido la Capua[11]de nuestras conquistas (...) Yo vuelo a Quito a ver si los bochinches del Sur cesan; lo peor es que tengo una fuerte inclinación a no dejar que se burlen de Colombia, porque es muy duro ceder después de triunfos (...) Sucre quedará mandando en Quito y yo pasaré al Sur con las tropas, con el objeto de pacificar aquello y de tener una entrevista con San Martín. Supongo que en esta marcha militar no perderé nada, al contrario, redondearé a Colombia, según son mis deseos y deben ser las probabilidades; porque Vd, sabe que Guayaquil no es Cartagena, que se defiende con sus murallas, y porque además yo empleo más la política que la fuerza en las empresas de esta naturaleza (...) y con esto adiós, hasta Quito.” [12]

El contubernio.
Una vez en Quito, el Libertador se dedicó a escribir y a expresar en todos los tonos posibles su satisfacción por haber concluido la independencia de Colombia: a San Martín: “Tengo la mayor satisfacción de anunciar a V.E. que la guerra de Colombia está terminada”. A los generales marqués del Toro y Fernando Toro: “Este hermoso país, tan colombiano y tan patriota (...) formará el más grande departamento de Colombia”. Al general Juan de Escalona: “Ya estamos en Quito libre y colombiano. Todo está por nosotros en este vasto país, sin que nos falte más que Guayaquil, para donde parto a llevar la ley de Colombia.” A Santander: “solamente Guayaquil me da cuidado, pero Guayaquil por su cuidado puede envolvernos también en una de dos luchas: con el Perú, si la forzamos a reconocer a Colombia o con el sur de Colombia si la dejamos independiente, triunfante e incendiaria con sus principios de egoísmo patrio”.  Guayaquil se convirtió en un instrumento para alcanzar metas. No importó la historia ni lo que sus hombres se proponían.

El 22 de junio nuevamente escribe a San Martín: “La conducta del gobierno de Colombia ha seguido la misma marcha que V.E.; pero al fin, no pudiendo ya tolerar el espíritu de facción, que ha retardado el éxito de la guerra y que amenaza inundar en desorden todo el Sur de Colombia, ha tomado definitivamente la resolución de no permitir más tiempo la existencia anticonstitucional de una Junta que es el azote de Guayaquil y no el órgano de su voluntad. Quizá V.E. no habrá tenido noticia bastante imparcial del estado de conflicto en que gime aquella provincia, porque una docena de ambiciosos pretenden mandarla. Diré a V.E. un solo rasgo de espantosa anarquía: no pudiendo lograr los facciosos la pluralidad en ciertas elecciones, mandaron poner en libertad el presidio de Guayaquil para que los nombres de estos delincuentes formaran la preponderancia a favor de su partido. Creo que la historia del Bajo Imperio no presenta un ejemplo más escandaloso”. [13]Aquí podemos leer que, con tal de justificar el atropello distorsiona la verdad. Y, a sabiendas de su falsedad, se hace eco de las calumnias salidas de sus propios partidarios que buscaban incitarlo a tomar medidas drásticas. Parece que Guayaquil hubiese sido considerado, apenas como un instrumento para alcanzar sus fines. No le importó la historia ni la propuesta guayaquileña.

Mientras permaneció en Quito se dedicó a organizar el gobierno del departamento, “es una capital recién tomada, a la cual se deben dar leyes de Colombia (...) no tengo tiempo para nada, no me faltan ratos para escribir, pero me sobran meditaciones sobre lo que debo hacer con un grande y bello país”. Finalmente decide que “el general Sucre, su libertador, lo mandará con el mayor aplauso de sus pueblos”, lo cual le permitiría desplazarse para someter a la Provincia Libre. Mientras permaneció en la capital no solo envió, sino que también recibió muchas cartas, [14]  de los mismos que a la llegada de Sucre, en 1821, le llenaron la cabeza con opiniones interesadas. Sucre, de igual manera que el Libertador, prefirió escuchar a quienes lo adulaban y se decían colombianistas, antes que a los miembros de una “Junta que ya había demostrado una total independencia de criterio.” [15]La actividad política que desplegó fue intensa, la cual se conserva en su correspondencia. Para neutralizar a Santa Cruz, y para que no intente intervenir contra la anexión de Guayaquil, promete enviar tropas al Perú tan pronto la provincia se someta. Con esto halaga los sentimientos patrióticos del peruano, y con ello quita del camino la posibilidad que este respaldase las pretensiones de San Martín. 

Los primeros días de julio de 1822 se desplaza hacia la Costa, y como estaba seguro de sufrir una fuerte oposición de los guayaquileños, el 3 de ese mes le escribe a La Mar desde Guaranda, y lo compromete para que juntamente con sus edecanes se adelantasen a Guayaquil y “preparasen en parte los auxilios y en parte la opinión”. Este cúmulo de pasos políticos que daba Bolívar culminan en la afirmación que consta en la carta que figura en párrafos anteriores, dirigida a Santander, en la que dice que hay que mantener la importancia de Quito, elevarla y soportarla, “para que Guayaquil no sea la capital del Departamento del Sur y no tenga influencia en las provincias subalternas”. He aquí el proyecto político de Bolívar respecto a Guayaquil. Todas sus actitudes que sellaron el destino de la Provincia Libre y sin siquiera proponerse comprenderlo, provocaron la demolición de un proyecto democrático ejemplar.



[1]Fuerzas colombianas que se hallaban prestando auxilios militares a San Martín en el Perú
[2]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a San Martín del 16 de noviembre de 1821, pp. 606-607.
[3]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Sucre del 22 de noviembre de 1821, pp. 611-612
[4]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Sucre del 22 de diciembre de 1821, p. 611-612.
[5]Olmedo, al aceptar el mandato del pueblo y de las tropas en 1820, había jurado respetar y guardar el Reglamento Provisorio Constitucional, y por encima de todo, cumplir con la decisión popular de iniciar, avanzar y culminar la liberación de Quito y Cuenca. Evidenciando que Guayaquil con generosa solidaridad buscaba extender la libertad que ella había conquistado. Pero como al mismo tiempo eso la enfrentó a Bolívar, pues la buscada libertad de Cuenca, Quito y otros tuvo ese efecto. Esto explica la actitud de conciliadora tolerancia con que llevó su relación frente a las ambiciones de Bolívar, a quien llama “Mi respetable amigo y paisano” (Carta de Olmedo a Bolívar, junio 13 de 1821) dando a entender una colombianidad que sabía no poseer y a San Martín halaga en su vanidad, “Entre tanto, V.E. prepara el hermoso día del opulento Perú; y, ardiendo en amor patrio, nos enseña la senda que debemos seguir. Ya la Patria tiene en sus manos, destinada a las sienes de V.E., la corona que han tejido la Ninfas del Rímac” J.J. Olmedo, Epistolario, Carta de Olmedo a San Martín, Nov. 22 de 1820, pp. 335-338. 
[6]Era evidente que Bolívar recurría a varios artificios y rumores para crear y ampliar los objetivos para su proyecto de sumar y someter a Guayaquil. Por eso fueron variadas las manipulaciones y elucubraciones de Bolívar, para justificar su empeño de anexar la Provincia Libre bajo la dependencia colombiana, porque no tenían otra finalidad que aquello, pues hemos visto que el paso del tiempo le quitó piso a su pronóstico. Por el contrario: la amenaza de los vecinos tanto del norte como del sur, que él consideró y estimuló en su carta, sirvió para unir a los ecuatorianos. La posibilidad del surgimiento de la que él más adelante admitiría como república de Quito, sin que haya sido previamente sugerido por persona o facción alguna, constituía un peligro para su proyecto de la Colombia grande de su obsesión. Obviamente esto le resultaba inadmisible. De allí sus amenazas e intervenciones con la fuerza para evitarlo. Como finalmente lo hizo, subordinando por la fuerza a una comunidad que buscaba ser respetada por su independencia y proyecto autónomo.
[7]Olmedo se sentía obligado a evitar, por todos los medios los motivos de división, y recurrir a su ingenio e inteligencia para sostener la unión de los guayaquileños. Esta ambigüedad y falta de definición, sobre todo ante las exigencias de Bolívar, con seguridad se debe a que requería la ayuda de ambos. Olmedo, tenía en fin la esperanza que, una vez liberados los territorios de Quito y Cuenca, unidos con Guayaquil, se plantearía la formación de un cuerpo político mayor que la “republiquita”. Ilusiones vanas, porque los dos líderes interesados y definidas sus geopolíticas, no permitirían, como en efecto no permitieron, el surgimiento de una nación independiente, situada entre Colombia y Perú.
[8]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Olmedo, enero 2 de 1822, pp. 612-613
[9]Carta que solo por la determinación de Olmedo de respetar el juramento de lealtad a la autonomía de Guayaquil que demandaba el Reglamento Provisorio de Gobierno, promulgado en noviembre 11 de 1820, es tomada en silencio y con paciencia. Si las cartas de Bolívar eran el termómetro de su actitud, no cabe duda que su presencia sería terrible para el Guayaquil autonómico. Efectivamente ya estando en Quito, el 21 de junio escribe varias cartas a muchas personas, en las cuales no silencia ni disimula su obsesión por someter a Guayaquil. No podía este hombre grande, acostumbrado a la dureza de las campañas, a vencer, a imponer su voluntad sin réplica alguna, admitir que toda una región se hubiera independizado sin su concurso, y peor que pretenda mantenerse autónoma. En esa fecha describe al general Juan escalona y dice” ya estamos en Quito, libre y Colombiana. Todo está por nosotros en este vasto país, sin que nos falte más que Guayaquil, para donde parto a llevar la ley de Colombia”.
[10]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Santander del 5 de enero de 1822, pp. 613-615.
[11]La antigua ciudad de Capua, conocida como la otra Roma, se encuentra bajo la moderna ciudad de Santa María Capua Vetere, a 26 km. al norte de Nápoles, en la provincia de Caserta. 

[12]Simón Bolívar, Op. Cit. Vol. I, carta a Santander del 9 de junio de 1822, pp. 638-640
[13]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, cartas a San Martín, al Marqués del Toro, a Juan de Escalona, a Santander y a San Martín, fechadas en Quito desde el 17 al 22 de junio de 1822, pp. 643-650.
[14]De Guayaquil le llegarían diatribas y acusaciones cada una de ellas más injusta contra Olmedo, Roca y Ximena, los grandes conductores del proyecto libertario de Guayaquil. Los aduladores que pronto aparecen como moscas alrededor de cualquier pastel se apretujaban en torno a Bolívar. La anexión implicaba la proliferación de cargos públicos que muchos anhelaban ocupar. A otros seguramente los movía la venganza. Estos fueron estímulos a Bolívar, que era un gran conocedor de la sicología social, de las debilidades humanas y de cuanto son capaces de hacer los aduladores por figurar. El libertador prestó oídos a estas ruindades, que las inscribía y utilizaba para viabilizar su proyecto geopolítico y someter a los guayaquileños a este.
[15]Julio Estrada Ycaza, Op. Cit., p. 371.

jueves, 24 de mayo de 2018




Bolívar y Guayaquil, después de la independencia



La importancia de Guayaquil
Guayaquil durante siglos, aparte de ser el único puerto por el cual fluía el comercio exterior de la Audiencia de Quito, había alcanzado ser, si no el primero, uno de los más importantes puertos de la América española en el Pacífico. Además, tenía el más completo y bien provisto astillero. Esto le otorgaba una importancia vital y evidente, a los ojos de los colonialistas empeñados en la defensa de su último reducto. Los independentistas entendían esto. De allí que, para ellos era un punto estratégico y llave para la entrada de Bolívar desde el norte, y logrando la completa emancipación de la América meridional. Así fue como, tan pronto la provincia proclamó su libertad, se produjo una abierta pugna entre Bolívar, con su proyecto de una Colombia grande y San Martín, que intentaba sumarla a un país inexistente, aun por liberarse. La posición de Guayaquil, estratégica y financieramente, sus recursos naturales y humanos para el servicio militar, se hicieron ostensibles. A medida que Bolívar se aproximaba al sur y se informaba de estas posibilidades, meditaba y mentalizaba la posesión de Guayaquil. Su interés y determinación por anexarla, por la fuerza si fuere necesario, adquirían mayor intensidad. 

Las clases dirigentes guayaquileñas, se dividieron en tres tendencias: 

a). Aquellos que pugnaban por sumarse al Perú, lo hicieron por sus intereses comerciales vinculados a Lima por siglos. La actividad comercial y las grandes fortunas de esta ciudad provenían de esa relación. De allí que, cierto número de ciudadanos destacados, por el puro interés económico, empeñaron sus simpatías hacia la tendencia que auspiciaba San Marín. 

b). Los que creían llenar sus aspiraciones con la anexión a Colombia, se inspiraban en el carisma de Bolívar y su heroica trayectoria. Dotes que eran exaltadas por sus más caras admiradoras, los miembros femeninos de la familia Garaycoa, que pugnaban por sumarse a un país, con el cual no tenían vínculo alguno. Para los guayaquileños, pese a haber estado en algún momento supeditados al virreinato de Nueva Granada, este era un país lejano y totalmente desconocido. Una minoría bastante escasa, pero ultra exaltada, era la que llevaba como bandera su agregación a Colombia a todo trance.“Para ello, contaba a su favor con el prestigio del Libertador, el suficiente poder militar y la posesión de la totalidad del territorio hoy ecuatoriano. Esto les infundió la audacia necesaria para calumniar a Olmedo e imponer su tendencia”. [1]Estas dos preferencias, se enfrentaron violentamente y la ciudad, se vio inmersa en una lucha nunca antes vista ni sufrida. Los unos por hacer prevalecer el juego de sus intereses netamente comerciales y sociales, y los otros obnubilados por el carisma y la personalidad del Libertador. 

c). Los más numerosos, encabezados por Olmedo, pero sin fuerza militar, se aferraban a una autonomía asociada sujeta a la decisión del Colegio Electoral, que ya había demostrado el acierto de su participación que, democráticamente decidiría bajo cuál de sus poderosos vecinos buscarían su amparo. Además, el gobierno de la Provincia Libre, con Olmedo a la cabeza, estaba consciente de sus limitaciones y para entender esto, nada mejor que leer la carta que Olmedo dirige al general Mires, que fue el primero en traer a Guayaquil la clara intención de someterla al Libertador. [2]Poco más tarde, con mayor autoridad otorgada por Bolívar, lo haría Sucre. [3]

La formación de la división “Protectora de Quito”, como acto seguido a la revolución del 9 de Octubre de 1820 y propuesta de libertad a toda la Audiencia de Quito, antes de la llegada de Bolívar, evidencia también las intenciones de mantener la autonomía dentro de un país independiente. Pero al momento de hacer respetar su decisión no tuvieron el poder de las armas, pues lo agotaron en el esfuerzo por liberar a quienes no desearon que lo hiciesen los guayaquileños. 

Al efecto promete los elementos de guerra necesarios de los que existen en los parques, cuantos recursos pueda proporcionar el país y ochocientos hombres de las tropas veteranas de la provincia por ahora, y pagados y mantenidos por ella; que, incorporados a la división destinada por el Libertador a obrar en el sur de la república, darán este nuevo testimonio de su devoción e interés por Quito, Cuenca y demás pueblos subyugados aún. [4]

Prefirieron, en cambio, entregar a Bolívar la capital y la región, sin otra condición que la de mantener privilegios aristocrático-coloniales y obtener las promesas, y prerrogativas que constan en una carta que el Libertador envió a Santander el 21 de junio de 1822, apenas a doce días de haber entrado a Quito, que dice: “Desde ahora anuncio a Ud. que debo permanecer mucho tiempo en el Sur para no perder el fruto de nuestros sacrificios por este país. El departamento de Quito, debe ser según mi opinión, (¿capital?) de todas las provincias del Sur: primero porque está en la frontera, segundo, para que sea fuerte; (...) cuarto, porque está muy lejos del centro; quinto, porque Quito no debe perder su importancia; (...) séptimo, para que Guayaquil no sea la capital del departamento y no tenga influencia en las provincias subalternas, y por otros motivos que ahora no digo.” [5]

La obsesión de Bolívar vista a través de la correspondencia   
A Bolívar le resultaba intolerable la idea de un país independiente al sur de Nueva Granada, no controlada por él y al margen de su proyecto de Colombia. “ni la España ni ninguna Potencia Europea reconocerá pequeñas Repúblicas por los peligros de que están amenazadas, y mucho menos la de Quito que, colocada en medio de las grandes Repúblicas de Colombia y del Perú, vendría a ser objeto de pretensiones y de guerra, a que no podría ella ocurrir por sí sola y que la envolverían frecuentemente en los desastres de contiendas ruinosas y aún de facciones intestinas por el cuidado que tendrían las naciones vecinas de dividir los ánimos y ganar partido en su interior para sostener sus pretensiones.” [6]

La abundante correspondencia que sostuvo el Libertador con distintas personalidades, apenas celebrado el armisticio con Morillo, a menos de dos meses del 9 de Octubre, y después de este, deja en claro que contaba con Guayaquil de una forma u otra, pues estando aun en Venezuela escribe a Santander: “No sabemos si Guayaquil reconoce o no el gobierno de Colombia y si es parte de nuestro territorio.” [7]Pero enterado de las estratégicas condiciones que reunía la ciudad-puerto, inicia su marcha para conquistar el sur sin contar que sería entrampado en Bomboná. “Estoy en marcha para Quito y Guayaquil. El general Valdés me precede con la vanguardia del ejército del sur, y el general Sucre lo seguirá de cerca.” [8]“Me hallo en marcha para ir a cumplir mis ofertas de reunir el imperio de los Incas al imperio de la Libertad; sin duda, que más fácil es entrar en Quito que en Lima.” [9]

Su oportunismo lo evidencia, al desconocer totalmente el camino y los obstáculos que le esperaban, y menos sospechaba, que solo podría entrar con la ayuda desde el sur, gracias a Guayaquil independiente.  “es necesario que Vds. dirijan todos sus esfuerzos al Sur, para que esté tomado Quito antes del armisticio: éste es mi mayor encargo por ahora, porque es lo más importante y más necesario, y porque la paz se está esperando por instantes, y porque si no tenemos Quito, no lo cederán.” [10]Ya sabemos que la toma de Quito, fue solo posible hacerlo desde Guayaquil. “A mediados de septiembre estaré en Bogotá de paso a Quito. Pero cuidado, amigo, que me tenga Vd. adelante 4 ó 5.000 hombres, para que el Perú me dé dos hermanas de Boyacá y Carabobo. No iré, si la gloria no me ha de seguir (...) El fruto de once años no lo quiero perder con una afrenta, ni quiero que San Martín me vea, sino es como corresponde al hijo predilecto.” [11]

En junio de 1821, poco tiempo después de Mires, Sucre desembarcó en las costas manabitas, y el 15 de ese mes el Cabildo se dirige a Bolívar, felicitándose por su presencia. de lo cual, pronto estarían arrepentidos. Con el hombre de confianza de Bolívar, su fuerza militar y energía personal, las cosas cambiaron radicalmente, y el gobierno no pudo evitar la celebración de un nuevo tratado, que anuló el anterior. A partir de entonces, comenzó un verdadero asedio y una obsesión para incorporarla a Colombia, si fuere necesario con la utilización de la fuerza. Con esta presión ejercida por quien ostentaba plenos poderes del Libertador, la Junta se vio obligada a declarar como conveniente la necesidad de reunir la provincia a alguna de las grandes asociaciones de la América meridional, y por lo atractivo que resultaba su agregación a Colombia, iba a recomendarlo a la Junta Electoral, entre tanto, la provincia quedaba bajo los auspicios y protección de esta.

Este nuevo convenio, dentro del normal juego de intereses, facultaba a Bolívar a incluirla en todo tratado de “alianza, paz o comercio que celebrare con las naciones amigas, enemigas y neutrales”, y autorizaba a Sucre, para negociar en su nombre, “la regularización de la guerra entre Colombia y España por el tratado del 25 de noviembre pasado, comprenda también a la provincia de Guayaquil”. Entre los pocos bienes que otorgaba a la provincia el citado convenio, estaba el de reconocer a los guayaquileños, “los más importantes apoyos a la libertad de Quito” (Arts. 2º. 5º y 6º del convenio celebrado), como una de sus más caras aspiraciones patrióticas.

Ya superados los primeros escollos, y suscrita la intención, Sucre, que se encontraba acantonado con sus tropas en Babahoyo, envió una proclama, fechada el 11 de agosto de 1821, invitando a dar el paso para que el pueblo decida su destino. “Recibiendo el mando de las tropas que deben salvaros, dice Sucre, he jurado a mis compatriotas, que el suelo en que visteis la luz no será profanado por los tiranos. (...) ¡Guayaquileños! Colombiano como vosotros, es mi deber verter mi sangre por vuestra gloria; pero amante de vuestra felicidad, yo os invito al paso que decida vuestros destinos. (...) vais a incorporaros a la sociedad colombiana: al convidaros a vuestra decisión os recomiendo la uniformidad, la unión más estrecha y la resolución más firme de morir o de ser libres”. Finalmente entró en la ciudad, y con el fin de presionar a Olmedo y al gobierno. El 30 del mismo mes, dirigió una carta en la que insistía al ayuntamiento en la inmediata convocatoria de la representación, so pena de utilizar la fuerza para vencer su obstinada y permanente negativa.

En una segunda carta, con manifiesta pérdida de la paciencia por el modo como los guayaquileños amaban su libertad y trabajaban por su autonomía, dice: “Cuando la junta de guerra de Babahoyo solicitó a V.E. la reunión de la Junta Electoral creyó este reclamo en sus atribuciones (...) Una negativa tan obstinada no manifiesta la menor mira generosa por parte del Gobierno, y los males de la provincia exigían ya, ó salvar nuestra complicidad de estas mira, ó impeler al Gobierno a satisfacer los votos públicos”. Alegaba lo delicado de su posición, que estando en campaña debía distraer su tiempo por atender la incorporación de Guayaquil y que una resolución tan simple como era la de resolverla, que además contaba con el apoyo del pueblo, no necesitaba de tantos preparativos. Finalmente viene la amenaza diciendo: “Si V.E. la concede ó la convoca, podemos juzgar ese desprendimiento mal justificado en cuatro meses; si V.E. la niega, yo repito que las armas de Colombia no se prostituyen a consideraciones particulares, y que ellos deben salvar su honor, los deberes de Colombia y los verdaderos intereses de la provincia”          

Por el tono que fue tomando la situación, resultó imposible a la Junta de Gobierno mantener la negativa a la convocatoria de la Junta Electoral. De tal suerte, que el 31 de agosto se celebró una reunión del ayuntamiento, a la que asistió Sucre en persona, quien ratificó los términos amenazantes de su carta. La mayoría de las personalidades que por entonces lo conformaban eran colombianistas, consecuentemente partidarios de la agregación a Colombia. Entre estos y Sucre, consiguieron una declaratoria en pro de la anexión. 

“Mande Vd. a Guayaquil cuantas tropas se puedan embarcar en San Buenaventura en uno o muchos viajes, ordenando a los generales Torres y Sucre, que guarden una rigurosa defensiva, sin comprometer ni remotamente la suerte de sus tropas.” [12]“Parece que, por todas partes, se completa la emancipación de la América, Se asegura que Iturbide ha entrado en junio a Méjico. San Martín debe haber entrado, en el mismo tiempo, a Lima; por consiguiente, a mi es que me falta redondear a Colombia, antes que se haga la paz, para completar la emancipación del Nuevo Continente. Vea Ud., amigo, ¡si en estas circunstancias debo yo perder el tiempo y dar lugar a que algún aficionado (se refiere a San Martín) se apodere del vehículo del Universo...!” [13]“Yo creo que no debo cambiar en nada mi primer plan, para asegurar, de todos modos, la toma de Quito. De otro modo, arriesgamos una nueva campaña del Sur.” [14]

Sucre, después de haber alcanzado lo que se proponía a nombre de Bolívar, es decir, la celebración del convenio de anexión pacífica de la Provincia Libre a Colombia, Sucre, abandonó la ciudad para reunirse con su ejército y atacar a Aymerich. Y es precisamente a partir de la derrota que sufre Sucre en Huachi, y su repliegue a Guayaquil [15]para evitar, a todo trance que caiga en poder del enemigo (pues le cerraría el paso al sur y permitiría rehacerse al ejército español), que Bolívar. percatado del desastre, ve a Guayaquil en su verdadera dimensión estratégica y por primera vez da como un hecho que es parte del sur de Colombia. 



[1]Julio Estrada Ycaza, La Lucha de Guayaquil por el estado de Quito, Guayaquil, AHG, 1984, p. 479.
[2]La ligera indicación que hace US. en su nota sobre la agregación de esta provincia a la heroica República de Colombia, merece una contestación tan detenida y extensa que más bien debe ser motivo de varias conferencias. Por ahora me contento con decir a US que, después de proclamada la Independencia de la provincia, nuestros únicos votos han sido sostenerla y cooperar a la causa de América y al engrandecimiento de la República. Desde los principios hemos conocido que esta provincia por su pequeña extensión, por su corta población, por la escasez de luces, y por el atraso lamentable de la agricultura y de las artes, no puede ni debe ser un Estado independiente y aislado, y necesita apoyo de un Estado más fuerte y poderoso para progresar en la carrera de su prosperidad y marchar con firmeza en la de su libertad. (...) de manera que, aunque el Gobierno estuviese autorizado para hacer una declaración sobre este asunto, no sería oportuna ni ventajosa. (...) En lo que debe fijarse toda la consideración por ahora es en los medios de consolidar la independencia de la provincia, no en afirmar su reunión a un Estado con quien ya está tan unida por tantos lazos y tantas relaciones. En efecto, dispuesta como está a cooperar activamente a la libertad de las provincias comarcanas, preparada a prestar al ejército libertador cuantos auxilios estén en su poder, y segura de recibir los que necesite, se le puede considerar de hecho agregada a cualquier Estado con quien tenga tales relaciones. Aurelio Espinosa Pólit,J. J. Olmedo, Epistolario,Quito, Corp. de Estudios y Publicaciones, 1989, carta de Olmedo al general Mires, febrero 27 de 1821, pp. 359-362.
[3]Cuando la junta de guerra de Babahoyo solicitó a V.E. la reunión de la Junta Electoral creyó este reclamo en sus atribuciones (...) Una negativa tan obstinada no manifiesta la menor mira generosa por parte del Gobierno, y los males de la provincia exigían ya, o salvar nuestra complicidad de estas mira, o impeler al Gobierno a satisfacer los votos públicos (...) la división está mal distraída y peor situada; teniendo que atender los negocios de Guayaquil al tiempo que se halla en campaña (...) un voto tan latamente esperado, un anhelo tan conocido en el pueblo por esta incorporación no necesita tantos preparativos insignificantes, tal vez viciosos para declararlo (...) Si V.E. la concede o la convoca, podemos juzgar ese desprendimiento mal justificado en cuatro meses; si V.E. la niega, yo repito que las armas de Colombia no se prostituyen a consideraciones particulares, y que ellos deben salvar su honor, los deberes de Colombia y los verdaderos intereses de la provincia. Antonio José de Sucre, De mi propia mano, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, Fragmento de una carta de Sucre a Olmedo, p. 37.
[4]Antonio José de Sucre, De mi propia mano, “Tratado de Guayaquil”, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, pp. 36-38.
[5]Simón Bolívar, Obras Completas de Bolívar,Vol. I, carta de Santander del 21 de junio de 1822, recopilación de Vicente Lecuna, La Habana, Editorial Lex, 1947, pp. 646-648.
[6]Vicente Lecuna, La entrevista de Guayaquil,  Caracas, 1962-1963. Instrucciones de Bolívar a Sucre, 21 de enero de 1821. 
[7]Simón Bolívar, Op, Cit, Vol. I, carta a Santander, del 21 de diciembre de 1820,  pp. 521-522.
[8]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Rocafuerte, del 10 de enero de 1821, p. 523.
[9]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a San Martín 10 de enero 1821, p. 524.
[10]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Santander del 10 de julio de 1821, pp. 572-573.
[11]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Santander del 10 de Agosto de 18221, Op. Cit., 578
[12]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Santander, 23 de agosto de 1821, pp. 580-582.
[13]Ibídem, Vol. I, carta a Pedro Gual del 16 de septiembre de 1821, pp. 589-590,
[14]Ibídem, Vol. I, carta a Santander, del 15 de octubre de 1821, pp. 599-600
[15]Después de la brillante victoria de Yaguachi, parecía que la campaña de Quito por esta parte iba a ser la más feliz; pero ha sido todo lo contrario. El día 12 se ha perdido completamente el cuerpo principal de la división que constaba de mil hombres en las llanuras de Ambato. Apenas se ha salvado cien hombres. Antonio José de Sucre, Op. Cit.  Carta a Santander, septiembre 18 de 1821, fragmento, pp. 43-49.


Bolívar y Guayaquil, después de la independencia



La importancia de Guayaquil
Guayaquil durante siglos, aparte de ser el único puerto por el cual fluía el comercio exterior de la Audiencia de Quito, había alcanzado ser, si no el primero, uno de los más importantes puertos de la América española en el Pacífico. Además, tenía el más completo y bien provisto astillero. Esto le otorgaba una importancia vital y evidente, a los ojos de los colonialistas empeñados en la defensa de su último reducto. Los independentistas entendían esto. De allí que, para ellos era un punto estratégico y llave para la entrada de Bolívar desde el norte, y logrando la completa emancipación de la América meridional. Así fue como, tan pronto la provincia proclamó su libertad, se produjo una abierta pugna entre Bolívar, con su proyecto de una Colombia grande y San Martín, que intentaba sumarla a un país inexistente, aun por liberarse. La posición de Guayaquil, estratégica y financieramente, sus recursos naturales y humanos para el servicio militar, se hicieron ostensibles. A medida que Bolívar se aproximaba al sur y se informaba de estas posibilidades, meditaba y mentalizaba la posesión de Guayaquil. Su interés y determinación por anexarla, por la fuerza si fuere necesario, adquirían mayor intensidad. 

Las clases dirigentes guayaquileñas, se dividieron en tres tendencias: 

a). Aquellos que pugnaban por sumarse al Perú, lo hicieron por sus intereses comerciales vinculados a Lima por siglos. La actividad comercial y las grandes fortunas de esta ciudad provenían de esa relación. De allí que, cierto número de ciudadanos destacados, por el puro interés económico, empeñaron sus simpatías hacia la tendencia que auspiciaba San Marín. 

b). Los que creían llenar sus aspiraciones con la anexión a Colombia, se inspiraban en el carisma de Bolívar y su heroica trayectoria. Dotes que eran exaltadas por sus más caras admiradoras, los miembros femeninos de la familia Garaycoa, que pugnaban por sumarse a un país, con el cual no tenían vínculo alguno. Para los guayaquileños, pese a haber estado en algún momento supeditados al virreinato de Nueva Granada, este era un país lejano y totalmente desconocido. Una minoría bastante escasa, pero ultra exaltada, era la que llevaba como bandera su agregación a Colombia a todo trance.“Para ello, contaba a su favor con el prestigio del Libertador, el suficiente poder militar y la posesión de la totalidad del territorio hoy ecuatoriano. Esto les infundió la audacia necesaria para calumniar a Olmedo e imponer su tendencia”. [1]Estas dos preferencias, se enfrentaron violentamente y la ciudad, se vio inmersa en una lucha nunca antes vista ni sufrida. Los unos por hacer prevalecer el juego de sus intereses netamente comerciales y sociales, y los otros obnubilados por el carisma y la personalidad del Libertador. 

c). Los más numerosos, encabezados por Olmedo, pero sin fuerza militar, se aferraban a una autonomía asociada sujeta a la decisión del Colegio Electoral, que ya había demostrado el acierto de su participación que, democráticamente decidiría bajo cuál de sus poderosos vecinos buscarían su amparo. Además, el gobierno de la Provincia Libre, con Olmedo a la cabeza, estaba consciente de sus limitaciones y para entender esto, nada mejor que leer la carta que Olmedo dirige al general Mires, que fue el primero en traer a Guayaquil la clara intención de someterla al Libertador. [2]Poco más tarde, con mayor autoridad otorgada por Bolívar, lo haría Sucre. [3]

La formación de la división “Protectora de Quito”, como acto seguido a la revolución del 9 de Octubre de 1820 y propuesta de libertad a toda la Audiencia de Quito, antes de la llegada de Bolívar, evidencia también las intenciones de mantener la autonomía dentro de un país independiente. Pero al momento de hacer respetar su decisión no tuvieron el poder de las armas, pues lo agotaron en el esfuerzo por liberar a quienes no desearon que lo hiciesen los guayaquileños. 

Al efecto promete los elementos de guerra necesarios de los que existen en los parques, cuantos recursos pueda proporcionar el país y ochocientos hombres de las tropas veteranas de la provincia por ahora, y pagados y mantenidos por ella; que, incorporados a la división destinada por el Libertador a obrar en el sur de la república, darán este nuevo testimonio de su devoción e interés por Quito, Cuenca y demás pueblos subyugados aún. [4]

Prefirieron, en cambio, entregar a Bolívar la capital y la región, sin otra condición que la de mantener privilegios aristocrático-coloniales y obtener las promesas, y prerrogativas que constan en una carta que el Libertador envió a Santander el 21 de junio de 1822, apenas a doce días de haber entrado a Quito, que dice: “Desde ahora anuncio a Ud. que debo permanecer mucho tiempo en el Sur para no perder el fruto de nuestros sacrificios por este país. El departamento de Quito, debe ser según mi opinión, (¿capital?) de todas las provincias del Sur: primero porque está en la frontera, segundo, para que sea fuerte; (...) cuarto, porque está muy lejos del centro; quinto, porque Quito no debe perder su importancia; (...) séptimo, para que Guayaquil no sea la capital del departamento y no tenga influencia en las provincias subalternas, y por otros motivos que ahora no digo.” [5]

La obsesión de Bolívar vista a través de la correspondencia   
A Bolívar le resultaba intolerable la idea de un país independiente al sur de Nueva Granada, no controlada por él y al margen de su proyecto de Colombia. “ni la España ni ninguna Potencia Europea reconocerá pequeñas Repúblicas por los peligros de que están amenazadas, y mucho menos la de Quito que, colocada en medio de las grandes Repúblicas de Colombia y del Perú, vendría a ser objeto de pretensiones y de guerra, a que no podría ella ocurrir por sí sola y que la envolverían frecuentemente en los desastres de contiendas ruinosas y aún de facciones intestinas por el cuidado que tendrían las naciones vecinas de dividir los ánimos y ganar partido en su interior para sostener sus pretensiones.” [6]

La abundante correspondencia que sostuvo el Libertador con distintas personalidades, apenas celebrado el armisticio con Morillo, a menos de dos meses del 9 de Octubre, y después de este, deja en claro que contaba con Guayaquil de una forma u otra, pues estando aun en Venezuela escribe a Santander: “No sabemos si Guayaquil reconoce o no el gobierno de Colombia y si es parte de nuestro territorio.” [7]Pero enterado de las estratégicas condiciones que reunía la ciudad-puerto, inicia su marcha para conquistar el sur sin contar que sería entrampado en Bomboná. “Estoy en marcha para Quito y Guayaquil. El general Valdés me precede con la vanguardia del ejército del sur, y el general Sucre lo seguirá de cerca.” [8]“Me hallo en marcha para ir a cumplir mis ofertas de reunir el imperio de los Incas al imperio de la Libertad; sin duda, que más fácil es entrar en Quito que en Lima.” [9]

Su oportunismo lo evidencia, al desconocer totalmente el camino y los obstáculos que le esperaban, y menos sospechaba, que solo podría entrar con la ayuda desde el sur, gracias a Guayaquil independiente.  “es necesario que Vds. dirijan todos sus esfuerzos al Sur, para que esté tomado Quito antes del armisticio: éste es mi mayor encargo por ahora, porque es lo más importante y más necesario, y porque la paz se está esperando por instantes, y porque si no tenemos Quito, no lo cederán.” [10]Ya sabemos que la toma de Quito, fue solo posible hacerlo desde Guayaquil. “A mediados de septiembre estaré en Bogotá de paso a Quito. Pero cuidado, amigo, que me tenga Vd. adelante 4 ó 5.000 hombres, para que el Perú me dé dos hermanas de Boyacá y Carabobo. No iré, si la gloria no me ha de seguir (...) El fruto de once años no lo quiero perder con una afrenta, ni quiero que San Martín me vea, sino es como corresponde al hijo predilecto.” [11]

En junio de 1821, poco tiempo después de Mires, Sucre desembarcó en las costas manabitas, y el 15 de ese mes el Cabildo se dirige a Bolívar, felicitándose por su presencia. de lo cual, pronto estarían arrepentidos. Con el hombre de confianza de Bolívar, su fuerza militar y energía personal, las cosas cambiaron radicalmente, y el gobierno no pudo evitar la celebración de un nuevo tratado, que anuló el anterior. A partir de entonces, comenzó un verdadero asedio y una obsesión para incorporarla a Colombia, si fuere necesario con la utilización de la fuerza. Con esta presión ejercida por quien ostentaba plenos poderes del Libertador, la Junta se vio obligada a declarar como conveniente la necesidad de reunir la provincia a alguna de las grandes asociaciones de la América meridional, y por lo atractivo que resultaba su agregación a Colombia, iba a recomendarlo a la Junta Electoral, entre tanto, la provincia quedaba bajo los auspicios y protección de esta.

Este nuevo convenio, dentro del normal juego de intereses, facultaba a Bolívar a incluirla en todo tratado de “alianza, paz o comercio que celebrare con las naciones amigas, enemigas y neutrales”, y autorizaba a Sucre, para negociar en su nombre, “la regularización de la guerra entre Colombia y España por el tratado del 25 de noviembre pasado, comprenda también a la provincia de Guayaquil”. Entre los pocos bienes que otorgaba a la provincia el citado convenio, estaba el de reconocer a los guayaquileños, “los más importantes apoyos a la libertad de Quito” (Arts. 2º. 5º y 6º del convenio celebrado), como una de sus más caras aspiraciones patrióticas.

Ya superados los primeros escollos, y suscrita la intención, Sucre, que se encontraba acantonado con sus tropas en Babahoyo, envió una proclama, fechada el 11 de agosto de 1821, invitando a dar el paso para que el pueblo decida su destino. “Recibiendo el mando de las tropas que deben salvaros, dice Sucre, he jurado a mis compatriotas, que el suelo en que visteis la luz no será profanado por los tiranos. (...) ¡Guayaquileños! Colombiano como vosotros, es mi deber verter mi sangre por vuestra gloria; pero amante de vuestra felicidad, yo os invito al paso que decida vuestros destinos. (...) vais a incorporaros a la sociedad colombiana: al convidaros a vuestra decisión os recomiendo la uniformidad, la unión más estrecha y la resolución más firme de morir o de ser libres”. Finalmente entró en la ciudad, y con el fin de presionar a Olmedo y al gobierno. El 30 del mismo mes, dirigió una carta en la que insistía al ayuntamiento en la inmediata convocatoria de la representación, so pena de utilizar la fuerza para vencer su obstinada y permanente negativa.

En una segunda carta, con manifiesta pérdida de la paciencia por el modo como los guayaquileños amaban su libertad y trabajaban por su autonomía, dice: “Cuando la junta de guerra de Babahoyo solicitó a V.E. la reunión de la Junta Electoral creyó este reclamo en sus atribuciones (...) Una negativa tan obstinada no manifiesta la menor mira generosa por parte del Gobierno, y los males de la provincia exigían ya, ó salvar nuestra complicidad de estas mira, ó impeler al Gobierno a satisfacer los votos públicos”. Alegaba lo delicado de su posición, que estando en campaña debía distraer su tiempo por atender la incorporación de Guayaquil y que una resolución tan simple como era la de resolverla, que además contaba con el apoyo del pueblo, no necesitaba de tantos preparativos. Finalmente viene la amenaza diciendo: “Si V.E. la concede ó la convoca, podemos juzgar ese desprendimiento mal justificado en cuatro meses; si V.E. la niega, yo repito que las armas de Colombia no se prostituyen a consideraciones particulares, y que ellos deben salvar su honor, los deberes de Colombia y los verdaderos intereses de la provincia”          

Por el tono que fue tomando la situación, resultó imposible a la Junta de Gobierno mantener la negativa a la convocatoria de la Junta Electoral. De tal suerte, que el 31 de agosto se celebró una reunión del ayuntamiento, a la que asistió Sucre en persona, quien ratificó los términos amenazantes de su carta. La mayoría de las personalidades que por entonces lo conformaban eran colombianistas, consecuentemente partidarios de la agregación a Colombia. Entre estos y Sucre, consiguieron una declaratoria en pro de la anexión. 

“Mande Vd. a Guayaquil cuantas tropas se puedan embarcar en San Buenaventura en uno o muchos viajes, ordenando a los generales Torres y Sucre, que guarden una rigurosa defensiva, sin comprometer ni remotamente la suerte de sus tropas.” [12]“Parece que, por todas partes, se completa la emancipación de la América, Se asegura que Iturbide ha entrado en junio a Méjico. San Martín debe haber entrado, en el mismo tiempo, a Lima; por consiguiente, a mi es que me falta redondear a Colombia, antes que se haga la paz, para completar la emancipación del Nuevo Continente. Vea Ud., amigo, ¡si en estas circunstancias debo yo perder el tiempo y dar lugar a que algún aficionado (se refiere a San Martín) se apodere del vehículo del Universo...!” [13]“Yo creo que no debo cambiar en nada mi primer plan, para asegurar, de todos modos, la toma de Quito. De otro modo, arriesgamos una nueva campaña del Sur.” [14]

Sucre, después de haber alcanzado lo que se proponía a nombre de Bolívar, es decir, la celebración del convenio de anexión pacífica de la Provincia Libre a Colombia, Sucre, abandonó la ciudad para reunirse con su ejército y atacar a Aymerich. Y es precisamente a partir de la derrota que sufre Sucre en Huachi, y su repliegue a Guayaquil [15]para evitar, a todo trance que caiga en poder del enemigo (pues le cerraría el paso al sur y permitiría rehacerse al ejército español), que Bolívar. percatado del desastre, ve a Guayaquil en su verdadera dimensión estratégica y por primera vez da como un hecho que es parte del sur de Colombia. 



[1]Julio Estrada Ycaza, La Lucha de Guayaquil por el estado de Quito, Guayaquil, AHG, 1984, p. 479.
[2]La ligera indicación que hace US. en su nota sobre la agregación de esta provincia a la heroica República de Colombia, merece una contestación tan detenida y extensa que más bien debe ser motivo de varias conferencias. Por ahora me contento con decir a US que, después de proclamada la Independencia de la provincia, nuestros únicos votos han sido sostenerla y cooperar a la causa de América y al engrandecimiento de la República. Desde los principios hemos conocido que esta provincia por su pequeña extensión, por su corta población, por la escasez de luces, y por el atraso lamentable de la agricultura y de las artes, no puede ni debe ser un Estado independiente y aislado, y necesita apoyo de un Estado más fuerte y poderoso para progresar en la carrera de su prosperidad y marchar con firmeza en la de su libertad. (...) de manera que, aunque el Gobierno estuviese autorizado para hacer una declaración sobre este asunto, no sería oportuna ni ventajosa. (...) En lo que debe fijarse toda la consideración por ahora es en los medios de consolidar la independencia de la provincia, no en afirmar su reunión a un Estado con quien ya está tan unida por tantos lazos y tantas relaciones. En efecto, dispuesta como está a cooperar activamente a la libertad de las provincias comarcanas, preparada a prestar al ejército libertador cuantos auxilios estén en su poder, y segura de recibir los que necesite, se le puede considerar de hecho agregada a cualquier Estado con quien tenga tales relaciones. Aurelio Espinosa Pólit,J. J. Olmedo, Epistolario,Quito, Corp. de Estudios y Publicaciones, 1989, carta de Olmedo al general Mires, febrero 27 de 1821, pp. 359-362.
[3]Cuando la junta de guerra de Babahoyo solicitó a V.E. la reunión de la Junta Electoral creyó este reclamo en sus atribuciones (...) Una negativa tan obstinada no manifiesta la menor mira generosa por parte del Gobierno, y los males de la provincia exigían ya, o salvar nuestra complicidad de estas mira, o impeler al Gobierno a satisfacer los votos públicos (...) la división está mal distraída y peor situada; teniendo que atender los negocios de Guayaquil al tiempo que se halla en campaña (...) un voto tan latamente esperado, un anhelo tan conocido en el pueblo por esta incorporación no necesita tantos preparativos insignificantes, tal vez viciosos para declararlo (...) Si V.E. la concede o la convoca, podemos juzgar ese desprendimiento mal justificado en cuatro meses; si V.E. la niega, yo repito que las armas de Colombia no se prostituyen a consideraciones particulares, y que ellos deben salvar su honor, los deberes de Colombia y los verdaderos intereses de la provincia. Antonio José de Sucre, De mi propia mano, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, Fragmento de una carta de Sucre a Olmedo, p. 37.
[4]Antonio José de Sucre, De mi propia mano, “Tratado de Guayaquil”, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, pp. 36-38.
[5]Simón Bolívar, Obras Completas de Bolívar,Vol. I, carta de Santander del 21 de junio de 1822, recopilación de Vicente Lecuna, La Habana, Editorial Lex, 1947, pp. 646-648.
[6]Vicente Lecuna, La entrevista de Guayaquil,  Caracas, 1962-1963. Instrucciones de Bolívar a Sucre, 21 de enero de 1821. 
[7]Simón Bolívar, Op, Cit, Vol. I, carta a Santander, del 21 de diciembre de 1820,  pp. 521-522.
[8]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Rocafuerte, del 10 de enero de 1821, p. 523.
[9]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a San Martín 10 de enero 1821, p. 524.
[10]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Santander del 10 de julio de 1821, pp. 572-573.
[11]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Santander del 10 de Agosto de 18221, Op. Cit., 578
[12]Simón Bolívar, Op. Cit., Vol. I, carta a Santander, 23 de agosto de 1821, pp. 580-582.
[13]Ibídem, Vol. I, carta a Pedro Gual del 16 de septiembre de 1821, pp. 589-590,
[14]Ibídem, Vol. I, carta a Santander, del 15 de octubre de 1821, pp. 599-600
[15]Después de la brillante victoria de Yaguachi, parecía que la campaña de Quito por esta parte iba a ser la más feliz; pero ha sido todo lo contrario. El día 12 se ha perdido completamente el cuerpo principal de la división que constaba de mil hombres en las llanuras de Ambato. Apenas se ha salvado cien hombres. Antonio José de Sucre, Op. Cit.  Carta a Santander, septiembre 18 de 1821, fragmento, pp. 43-49.