martes, 19 de febrero de 2019




Breve descripción del itinerario de progreso de Guayaquil


Parece ser que a Guayaquil estaba destinado el sitio de su último traslado. Pues no solo adquirió seguridad y tuvo algo de protección por la ubicación estratégica, sino que además, ha constituido a lo largo de su historia un importante referente que ha ayudado a su consolidación como ciudad de progreso.

Es a partir de esta última mudanza que la ciudad ajena a los ataques e incendios causados por los indígenas y convertida en sedentaria sobre el Cerrillo Verde con figura de silla jineta o estradiota, único lugar a propósito para vigilar y protegerse del enemigo, afianzó su estratégico emplazamiento para no moverse de él jamás.

Españoles y criollos buscaron la expansión de sus actividades a base de encomiendas y otras concesiones. A partir de entonces, las probanzas de méritos se convierten en moneda corriente, como elemento principal en la búsqueda de ventajas en la posesión de tierras productivas e indios para trabajar.

Al 15 de agosto de 1534, fecha de la fundación de Santiago, no debe dársele importancia ni trascendencia en el tiempo. Tampoco convertirla en objeto de polémica a la mayor o menor antigüedad de Guayaquil respecto de otra ciudad colonial de la Audiencia de Quito. Pues además de constituir una discusión inútil, el 25 de julio de 1547 además de ser nuestra fiesta patronal no tiene otro significado para Guayaquil que ser el punto de partida de su historia y desarrollo efectivo.

De esta conciliación de fechas saldrán beneficiados los estudiantes y maestros, pues alejados de la polémica que se ha venido sosteniendo, la enseñanza-aprendizaje, libre de confusiones, se centrará en la realidad de una urbe triunfante a lo largo del tiempo.

Esta publicación, de ninguna manera intenta confrontar, oponerse o discutir las importantes conclusiones, concreciones e interpretaciones históricas logradas en muchos años de investigaciones por Miguel Aspiazu Carbo, Rafael Euclides Silva, Julio Estrada, especialmente por los académicos Ádam Szaszdi y Dora León Borja de Szaszdi.

Su propósito no es otro que facilitar a estudiantes, maestros y ciudadanos en general, una herramienta ágil para una buena comprensión de la tan diversa, extensa y controvertida trayectoria histórica que siguió Guayaquil durante los primeros años de su existencia. En otras palabras es un estudio historiográfico hecho en lenguaje coloquial.

Simultáneamente a la “conquista de la ciudad” en la fecha indicada, se produce en Guayaquil un cambio trascendental: deja de ser el puerto de Quito que estableció Benalcázar para la logística que demandaba la conquista del norte y asume su propio destino. En el Libro Segundo de Cabildos de Quito, acta del 11 de marzo de 1549, consta que el Ayuntamiento quiteño a través del pacificador Pedro de La Gasca, solicita a la Audiencia de Lima restituya a Guayaquil en su ubicación anterior.

“Ítem. Pedir que por cuanto la çibdad de Santiago se pobló de próximo en el paso de Guaynacaba e para ir e venir se ha de ir con balsas y por ser puerto de esta çibdad le viene daño, pedir que se pueble donde solía, questaba en parte más conveniente para la dicha çibdad e para los pasajeros que vienen a ella e bien de los naturales que en ella sirven”.

Este acontecimiento, aparentemente sin importancia, es el primer paso de Guayaquil hacia su transformación como ciudad-puerto, en que no solo cumple sus funciones de puerta de entrada y salida de la riqueza comercial que impulsó al país hacia su desarrollo, sino que siendo rica y punto intermedio entre Acapulco y Viña del Mar, se convierte en plaza y parada obligada al teatro, ópera, etc., y toda expresión cultural que llegaba a los grandes escenarios situados en la ruta.

Además, numerosos guayaquileños que habían alcanzado la ilustración republicana de finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuyo pensamiento los llevó a lograr por sí solos su propia independencia y a constituirse en el centro político-militar, que financió y organizó la independencia del Ecuador. Fueron, además, el medio por el cual la ciudad asumió la gran cultura venida de Europa mediante los ricos productores y empresarios del cacao.

Guayaquil no es solo una fecha fundacional, un santoral y un proceso de mudanzas, es mucho más que eso. Siempre deberemos entenderla como un proceso-producto histórico, geopolítico, socio-urbano, cultural y simbólico. Por eso nacionales y extranjeros han dicho que nuestra ciudad es un destino histórico. Desde esta perspectiva de proyecto inacabado, siempre en construcción, debemos identificarla y pensarla. Pensar la ciudad y sus procesos de cambio es una necesidad y una tarea de ella y nosotros”.[1]

La diáspora guayaquileña

Usamos esta expresión que tiene referencias bíblicas, para indicar la existencia de un continuo proceso de crecimiento, expansión y progreso que va extendiendo la ciudad poco a poco. Detectamos un crecimiento continuo de la ciudad-puerto. Pues no es solo el espacio sino también sus pobladores.

También usamos esta expresión para señalar que con ella designamos a un grupo humano emprendedor y agresivo, dispersado a lo largo y ancho de las ricas tierras aluviales, cuyo esfuerzo la retoma y eleva a la categoría de centro vital de la región y del país. Que toma posesión de bancos y vegas de la cuenca baja del Guayas bañadas por intrincada red de ríos, esteros y canales, donde crecía el cacao esparcido por los monos, e impulsó una agricultura que acabó desalojando al campesino indígena que se vio afectado por la cada vez mayor presencia de cultivos, animales domésticos y hombres europeos.

Actividad económica de explotación de los bosques maderables y productiva de la cual el cacao, café y tabaco comenzaron a destacarse como elementos agrícolas determinantes de la economía colonial guayaquileña, dando espacio al nacimiento de la gran cultura montubia, brazo armado de la independencia, de la montonera de Alfaro y del progreso y riqueza de la antigua Provincia de Guayaquil y de nuestra urbe actual.

Por la determinación de sus habitantes, su situación geográfica y el sistema fluvial del Guayas,[2] Guayaquil fue centro de abastecimiento de las poblaciones ribereñas, de la Sierra centro-norte y sur, y eje de toda actividad económica y administrativa de la Real Audiencia.

Sin embargo, hasta 1576 su comercio internacional se reducía a movilizar productos entre los puertos del norte, centro y sur de América. Sedas chinas, añil, brea, jarcia, vinos y paños copaban las rutas, pero al no haber exportaciones presentaba una balanza desequilibrada.

Las ciudades de la desértica Costa peruana-chilena presionadas por la colonización y el progreso se constituyeron en los núcleos territoriales que demandaron materiales para sus construcciones, y en las montañas de Bulubulo y Balzar se inició la explotación de madera y caña guadua para satisfacerlas.

Ha sido evidente que históricamente la actividad exportadora que fue el punto de partida de su economía, y factor decisivo para el crecimiento de aserraderos, construcciones navales, edificios, etc., y para el consecuente desarrollo de la carpintería de ribera, ebanistería, que levantaron la ciudad, etc.[3]

El puerto de Guayaquil es tan útil para cualquiera nación, que poseyéndolo, estará siempre en estado de mantener armada mediante a que tendrán maderas y paraje adecuado para carenar los navíos, y aun para fabricarlos, lo que no sucederá a otra que carezca de este puerto: la primera podrá tener cuantos navíos mercantes quisiere para hacer su comercio; y la segunda no tendrá más de los que aquella quisiere consentirle o venderle; y siendo dueña del mar lo será igualmente de todo aquel comercio, y no se podrá ejecutar cosa alguna en aquellos reinos que no sea con su consentimiento”.[4]

A partir de 1593, los comerciantes guayaquileños inician la exportación del cacao en sus propios barcos,[5] creando una riqueza que produjo una masiva migración interna proporcionando la fuerza laboral necesaria para explotar su potencial agrícola.

Cuando el desarrollo agrícola, lo requirió, Guayaquil contó con suficientes trabajadores, sin necesidad de una importación masiva de esclavos negros. La clave está en la inmigración, es la llegada masiva a Guayaquil de hombres procedentes del interior, de la Sierra de Quito y Cuenca fundamentalmente. Este fenómeno se eleva a gran escala en la última década del XVIII y continúa hasta la actualidad. La inmigración serrana se suma al propio crecimiento vegetativo de la población guayaquileña, para producir el espectacular auge poblacional que las fuentes registran y que se hace llamativo en el tránsito del siglo XVIII al XIX”.[6]

Este dinamismo económico influyó en el desarrollo urbano y crecimiento poblacional. De 4.000 habitantes a finales del siglo XVII, pasa a 12.000 en el siglo XVIII. Es al finalizar el segundo tercio de este último que empieza a despertar su gran producción agrícola, y entra en una etapa de progreso superando toda expectativa. Acelerado desarrollo que trajo como consecuencia el asedio de corsarios armados por Inglaterra, Francia y Holanda, que asaltaron la ciudad por varias oportunidades.

Desde entonces la «Mar del Sur» se convirtió en el escenario de toda la contienda empeñada contra España, la cual carente de fuerza naval, debía cubrir la defensa del litoral americano desde Magallanes, en el extremo sur, Valdivia, El Callao y Lima, Guayaquil y Panamá hasta el norte con California. Además, de proteger las rutas hacia el archipiélago filipino en que comerciaba, especias, sedas, porcelanas, etc., el renombrado “Galeón de Manila”.



[1] Willington Paredes Ramírez en, JA Gómez, “La Fundación de Guayaquil, y su permanencia en el tiempo a partir del 25 de Julio de 1547. Guayaquil, AHG, Pág. 14, 2007.
[2] La navegación fluvial tenía “una doble misión: comunicar los distintos lugares de la provincia entre sí y con su capital, y facilitar el tránsito de personas y productos hacia o desde el interior de la Audiencia.  La confluencia obligada de todo este tráfico era la ciudad de Guayaquil, que debe buena parte de su importancia como puerto marítimo al hecho de ser un tan importante puerto fluvial.” Laviana p. 64.

[3] “La estrecha conexión entre geografía y desarrollo económico se hace especialmente evidente en Guayaquil, quizá más que en otro lugares, tanto en lo que se refiere a la producción agrícola como a la actividad industrial y comercial, pudiéndose afirmar que la historia económica de Guayaquil durante el periodo colonial viene definida, al menos parcialmente, por sus características geográficas”. María Luisa Laviana Cuetos,

[4] Jorge Juan y Antonio de Ulloa, “Noticias Secretas de América”, (1573), Madrid, Editorial América, Pp. 31-41, 1918.
[5] El cacao era uno de los principales productos exportables de Guayaquil a comienzos del siglo XVII, pero ya en el último cuarto del siglo XVIII la economía de la provincia giraba en torno a él.  Después de la independencia, el cacao guayaquileño tenía primacía en cuanto a la economía ecuatoriana por más de un siglo, pero luego cedió el primer lugar al banano y finalmente al petróleo. María Luisa Laviana Cuetos, Requena, OP. Cit. p. 171.
[6] María Luisa Laviana Cuetos, Guayaquil en el siglo XVIII, Op. Cit., Págs. 113-122.

martes, 12 de febrero de 2019





Guayaquil en su sitio definitivo


La situación parecía interminable, 13 años de una serie de traslados, reconstrucciones, destrucciones. Era como el juego del gato y el ratón, españoles conquistadores que trasladaban y construían una ciudad, enfrentados a indígenas que resistían y que destruían esa posesión. Los conquistadores estimaron que esta situación debía terminar. Por eso nuevamente trasladaron la ciudad destruida hacia otro lugar.

En efecto, a principios de 1547, llegó a Puerto Viejo el pacificador Lcdo. Pedro de La Gasca para someter la rebelión de Pizarro y destituye al gobernador pizarrista. El 16 de abril de ese año por orden de La Gasca, el capitán Francisco de Olmos ejecuta al gobernador de Guayaquil, el también pizarrista Miguel de Estacio. Cumplido lo cual el pacificador continúa su viaje hacia Lima acompañado de Olmos y escoltado por el capitán Martín Ramírez de Guzmán. Dejando al padre de este último, Rodrigo Vargas de Guzmán, al mando de la Guayaquil como Alcalde Ordinario.

Temerosos a las retaliaciones que pudiera tomar Pedro de Puelles, teniente de Pizarro en Quito, los guayaquileños consideran la urgencia de mudar la ciudad a un lugar más protegido, preferentemente en la ribera occidental del Guayas. Esta vez no era el acosamiento de los indios el que –como en otras oportunidades– los obligaba a trasladar su pequeño poblado, sino la persecución de sus propios coterráneos.

Pero transportar a todo el vecindario, su menaje y animales no era cosa sencilla, requerían de balsas de un tamaño considerable. Pero ¿cómo construirlas rápidamente? si en las inmediaciones de Guayaquil, situado tras la isla Santay en la ribera oriental del Guayas, nunca existió la madera de balsa por la salinidad del río.

Aunque vigilantes y atentos a la defensa de su ciudad, y pese al temor de un ataque inmediato de Gonzalo Pizarro, no tuvieron otra alternativa que esperar el tiempo que les tomaría talar la mencionada madera en los bosques de Bulubulo, donde abundaba y cuyo río desembocaba precisamente por el río de Guayaquil.

Debieron viajar cientos de kilómetros para alcanzar tales bosques naturales, cortar la madera, descortezarla para que no pierda su flotabilidad y se pudra rápidamente, luego arrastrarla hasta la orilla de un río con suficiente caudal, armar las balsas y viajar aguas abajo hasta Guayaquile.

Por las grandes distancias que debieron recorrer, la lentitud del viaje movidos solo por las corrientes y el arduo trabajo que debieron realizar para extraer la madera, asumo que les tomó aproximadamente tres meses, después del ajusticiamiento de Estacio (16 de abril de 1547), para construir, adecuar y situar en la ciudad las balsas necesarias para el traslado del vecindario.

Quien conozca bien el comportamiento del Guayas en ese sector, coincidirá conmigo en que conducidos por el alcalde ordinario Rodrigo Vargas de Guzmán, se embarcaron los 150 habitantes con todos sus aperos y animales. Navegaron río abajo hacia sur de la isla Santay y arrastrados por la corriente se arrimaron a la Puntilla (antes de llegar a Punta de Piedra).

Amarrados a esa orilla los conquistadores españoles esperaron la marea creciente y navegando muy cerca de la orilla donde la corriente es más poderosa, subieron y atracaron en la playa de piedra que nacía de la falda del cerro Santa Ana. “Y pese a la larga búsqueda de un emplazamiento adecuado, el lugar elegido finalmente –la ladera meridional del Cerro de Santa Ana o Cerrillo Verde, en la orilla occidental del Guayas”.[1]

El tiempo que debió emplearse para preparar esta fuga masiva, partiendo del 16 de abril de 1547, en que Estacio es ejecutado, hace muy posible que el nuevo asiento de Guayaquil en la cumbre del cerro Santa Ana, por pura casualidad haya sido alcanzado el 25 de julio de ese año. Esta coincidencia ha finalmente beneficiado a la ciudad y ha evitado una distorsión de fechas históricas.

Por otro lado la historiadora Dora León Borja, el 25 de julio de 1963 en diario El Universo, admite que pese a la amenaza, no se mudaron inmediatamente y agrega: “Sin embargo, es solamente en junio de 1547 que los vecinos de Guayaquil –temiendo las represalias de los pizarristas de Quito– trasladan le ciudad definitivamente a su actual emplazamiento”.

Apenas un mes de diferencia existe entre la fecha que señala la historiadora y julio que sostiene nuestra hipótesis, que admite la posibilidad que pudo haber coincidido el asentamiento de Guayaquil en el cerro Santa Ana con la fiesta patronal de nuestra ciudad, que aun se celebra cada 25 de julio. Hipótesis de difícil confirmación por cuanto la totalidad del archivo que contenía cien años de documentos, en que debió constar todo el trayecto histórico de la ciudad, desapareció en 1633 durante el incendio de la Casa Consistorial.

Sin embargo, hay un documento que si bien está fechado 234 años después, es un buen fundamento para creer en tal coincidencia. Este es el acta del cabildo celebrado en Guayaquil el 24 de julio de 1781, que consta en el libro de actas Nº 21, que comprende desde 1780 a 1783, que textualmente dice lo siguiente:

En este Cabildo se trató sobre la fiesta con que se solemniza el Real Estandarte, en memoria de la conquista de esta ciudad y su Provincia, cuya función se verifica el día de mañana veinte y cinco del corriente en que celebra la Iglesia al Apóstol Santiago”.

¿Qué podría significar aquello de la conquista de la ciudad y su provincia? Nada más lógico de colegir que a partir del 25 de julio de 1547, la ciudad quedó definitivamente establecida y afianzada en un sitio y territorio que le ofrecía una posición segura. Pues no volvió a sufrir ataques indígenas ni destrucción alguna de parte de ellos.

También Dionisio Alcedo y Herrera, quien fue nombrado como vigésimo presidente de la Real Audiencia de Quito el 28 de marzo de 1728 y posesionado del cargo el 29 de diciembre de ese año, escribió en la Pág. 1 de su Compendio Histórico de la Provincia, Partidos, Ciudad, Astilleros y Puerto de Guayaquil en las costas de la Mar del Sur, publicado en Madrid en 1741, lo siguiente: “La Ciudad de Santiago de Guayaquil, llamada así, porque en el día de este glorioso Apóstol se acabó la conquista de la Provincia el 25 de julio de 1531”. Dato coincidente hasta cierto punto, pues el año de 1531 que él señala para el acontecimiento está equivocado. Recordemos que Santiago se fundó en 1534

Y así establecidos, los guayaquileños desde este asentamiento estratégico “conquistaron” la provincia al posesionarse de la gran cuenca del Guayas. Dueños de ambos espacios, a fuerza de trabajo tesonero iniciaron la riqueza que poco más de doscientos años, convirtió a Guayaquil en la ciudad más importante de la América meridional.

Desde entonces utilizando el gran sistema fluvial del Guayas, estructuran la economía del país dominando primero el comercio con la Sierra centro-norte y sur, y posteriormente el internacional. El Guayas y su extensa red fluvial fue eje y columna vertebral de la socio-economía de la Audiencia, y la ciudad-puerto de Guayaquil, la actora y principal motor de nuestra historia, de la realización de la independencia, de la cultura y las grandes transformaciones sociales ocurridas en el Ecuador.

Los traslados y mudanzas de Santiago realizadas entre su fundación el 15 de agosto de 1534 hasta el 25 de julio de 1547, no fueron sino un conjunto de actos jurídicos cumplidos en la búsqueda de un espacio seguro para afianzarse y crecer. Fueron emplazamientos fugaces en que los vecinos estuvieron más preocupados por apagar incendios y salvar la vida que por la trascendencia y permanencia de la ciudad.



[1] María Luisa Laviana Cuetos, “Guayaquil en el siglo XVIII, recursos naturales y desarrollo económico”, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla. C.S.I.CCSIC., 1987, p. 29.